• Sobre Jaime Guzmán

    Columnas sobre Jaime Guzmán, pionero de verdad en la teoría y en la acción.

    “La política, entendida como el arte de gobernar, constituye una de las más nobles funciones a que puede dedicarse el esfuerzo humano. Implica superar el egoísmo de limitarse al propio interés personal, para volcarse al servicio de la comunidad”. (Jaime Guzmán)

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  • Bibliografía de Formación fundamental

    Bibliografía de Formación fundamental para universitarios y profesionales jóvenes

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Thursday, May 26, 2011

Se va enredando, enredandó

Se supone que en el Ministerio del Interior tienen muy claro cómo se va a complicar la situación de seguridad ciudadana en los próximos días. Y, de paso, cómo se consolidará la imagen pública de una sociedad movilizada contra el gobierno.

Si lo tienen claro, no les sorprenderá que las fuerzas sociales estén tramando las diversas hebras de su ideologizado descontento en una madeja bien difícil de desenredar.

Por una aparte, los ecologistas profundos y los ambientalistas sentimentales ya han logrado una plataforma de la que sólo puede esperarse agudización de los métodos agresivos (señalados por los primeros) y crecimiento en número (en los segundos).

A ellos se irá sumando   -aunque con un periodo acotado a sólo tres semanas por el inminente fin del semestre-  la movilización estudiantil, que no acepta ser segunda en importancia de nadie, porque ya se sabe, "la juventud es el futuro de Chile."

Y saldrá el Movilh a las calles, porque sea cual sea el proyecto de vida en común que presente el Gobierno, aquellas poderosas fuerzas siempre lo considerarán insuficiente.

Se está reactivando también la protesta indigenista y en la medida que ese movimiento reciba señales radicalizadas desde el sur, tomará nuevas fuerzas en Santiago.

Ah, y mis niños, Los de Abajo, privados ilegítimamente de asistir al estadio   -pocas veces se ha visto algo más ridículo que "un estadio seguro", pero sin hinchas dentro-   ya han comenzado a protestar.

No faltarán las militancias socialista y comunista, impulsadas por la necesidad de no quedarse sin presencia, las que bajo la simbólica exhumación de Allende pedirán justicia (dinero, por cierto) para todos su partidarios. Y la pedirán en las calles, obviamente.

Muchos manifestantes van a tener que ordenar bien sus agendas, eso sí, porque en su calidad de estudiantes, ecologistas, miembros de minorías sexuales, militantes, indigenistas y barristas, uf, van a tener que destinar jornada completa al tema.

Algunos lo lograrán.

Gonzalo Rojas Sánchez

¿Movilizaciones?: Depende para qué

No, no nos gustan las  movilizaciones. Pero cuando las presenciamos, junto con la molestia que nos causan, una envidia cochina se aloja en el alma.

Pasó el lunes con Hidroaysen; está sucediendo hoy con los universitarios y secundarios en las calles. Gritan, molestan, ensucian y  -lo peor-  muchos razonan sólo sobre cómo huir a tiempo de la acción policial; pero, al mismo tiempo, muestran una organización y una vitalidad que otros se quisieran para sus propias causas.

Ni ante el terrorismo, que le causó tantas víctimas a las Fuerzas Armadas y a los simples trabajadores o transeúntes; ni ante las iniciativas destructoras de la familia (divorcio y uniones de hecho), de la sexualidad ordenada (preservativos y planes de adoctrinamiento), de la vida (proyectos de aborto), las fuerzas conservadoras han reaccionado con la energía debida.

Es cierto que ha habido ejemplares movimientos juveniles -y, en menor medida, también de adultos-  que en todas esas ocasiones han estado en la calle y en el Congreso con sus pancartas y sus sonrisas amables, sin estridencias ni furias, llenos de convicción y proposiciones positivas. Pero han sido pocos y han sido generalmente abandonados por esos muchos millares de personas que, desde sus  comodidades cotidianas, emiten quejidos varios sobre la disolución de su amado Chilito.

Hoy la movilización está en manos de las izquierdas de todo tipo, ambientalistas o políticas. Pero el discurso presidencial del 21 de mayo  -anuncian algunos-   quizás va a dar pie para que la batuta la tomen todos los que otras veces se han quedado callados en sus casa y le digan al Gobierno -si se concretan los malos augurios-    algo simple y directo: No, no se juega con la dignidad humana.