Redes disociadoras

Posted by Blogger on 10:22 AM


Mientras más se usan, más reparos generan.

¿Cuántas veces al día ingresa un chileno conectado a Facebook y a Twitter a esas dos redes? ¿Cientos de veces?

El número importa sólo porque cada uno de esos contactos no pasa de ser una efímera relación de seres asociales con otros seres asociales.

Son individuos que creen estar desarrollando su creatividad y capacidad de comunicarse, pero que en realidad apenas rozan la vida del otro, apenas abren algo de la propia.

Se genera un supuesto espacio compartido: el grupo de Facebook, los twitteos por un tema determinado. Pero no hay nada de común, no hay intercambio que sume; hay mera agregación de datos a un listado de información o acumulación de comentarios brevísimos a una secuencia que va desarticulándose minuto a minuto. A lo más, lo común sucede horas o días después, cuando se concreta la convocatoria a la fiesta o a la marcha, pero ¿quién conoce a quién de los convocantes y convocados? Nadie, lo importante era simplemente dar a conocer un dato: no se trataba de acrecentar un vínculo humano.

Todo es rápido   -instantáneo, ojalá-   breve y, dentro de lo posible, rotundo o insolente, para generar así otro eslabón en la cadena, otra respuesta, un insulto correlativo, una descalificación más intensa. No hay caras aunque haya fotitos; no hay voces, aunque haya palabras escritas a saltos y golpes; no hay diálogo, porque unos se privan a otros de respuestas sin dolor ni vergüenza: me cansaste, chao, no te contesto; no hay sociabilidad, porque eres una cuenta, un correo, un amigo al que nunca he visto, una historia en la que no interesas tú, sino cosas tuyas llamativas, ojalá, escandalosas.

La conexión a las redes disociadoras invade ahora, además, las sales de clases. Cientos y miles de alumnos están detrás de sus pantallas de computador o mirando las de sus celulares, conectados con un más allá que les impide prestar atención al más acá de la docencia.

¿Privarlos de esos instrumentos? No, pero cada profesor deberá romper la ley del offside, quizás recorriendo la sala adelante-atrás-adelante, para causar la incomodidad de los usuarios y traerlos así de vuelta a una sociabilidad cara a cara, cada día más escasa en la vida de los asociales.
Gonzalo Rojas Sánchez