La Navidad y las trincheras - Columna sobre trincheras

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        El centenario de la Navidad de 1914, la primera que casi toda Europa vivía en guerra, permite mirar nuestra propia realidad del 2014 desde esa perspectiva.
        Con cientos de miles de muertos a cuestas después de la Batalla de las Fronteras, de la invasión de Bélgica y de la primera Batalla del Marne   -a escasos kilómetros de París-   lo sucedido en los días santos de diciembre sigue causando asombro en la historiografía y en el cine.
        ³La proximidad de las Navidades de 1914 desencadenó una reflexión profunda entre las gentes de Europa, tanto en cada nación como entre los desplazados en el extranjero², ha afirmado Max Hastings en ³1914², mientras que David Stevenson en ³1914-1918, Historia de la Primera guerra mundial², sostiene que ³en medio de aquella carnicería tuvo lugar uno de los momentos más conmovedores de la Guerra, la tregua de Navidad de 1914², la que en su ³Primera Guerra mundial² Martin Gilbert califica como ³un arrebato espontáneo de pacifismo en las zonas de guerra cuando las tropas de cada ejército europeo celebraron el nacimiento de su redentor.²
        Por su parte, Peter Hart, en ³La Gran Guerra², afirma que estamos en presencia de algo muy notable: ³Es sintomático de la edad moderna que una curiosa anomalía como la tregua de Navidad se haya hecho tan famosa. En algunos sectores del frente, las fuerzas de uno y otro bando decidieron abandonar temporalmente los combates.² Por eso, aunque en tono menor, Peter Englund deja constancia también en su maravilloso ³La belleza y el dolor de la batalla², de comportamientos profundamente humanos durante esos días y en las sucesivas Navidades.
        A su vez, la crítica de ³Feliz Navidad², película del 2005 dedicada al tema, resalta cómo los soldados avanzaron unos hacia otros, se mezclaron, compartieron fotos de sus familias, tomaron champagne, jugaron fútbol, asistieron juntos a una Santa Misa y prometieron visitarse al terminar la guerra. Pero en los próximos casi cuatro años de combates, la inmensa mayoría de ellos estaría muerto o habría sufrido terribles heridas de guerra en su cuerpo y en su mente.
        En el Chile de hoy vivimos en una paz relativa, en medio de unos combates duros sobre nuestro presente y nuestro futuro. Y cuando viene la Navidad, hacemos una tregua, nos deseamos lo mejor, aunque no todos crean que esa buena voluntad se deba al nacimiento del Redentor. Igual, algo pervive   -incluso en los más duros-   la idea de que todos somos hijos de un mismo Padre.
        Poco después volveremos a nuestros enfrentamientos; unos lo harán con odio; otros hemos de procurar plantear nuestras posiciones con la firmeza con que se busca la paz, con la astucia con que se quiere ganar un combate. Con la fuerza de unos ideales que nunca deben olvidar para qué es todo esto de la Navidad.
        La guerra mundial terminó en noviembre de 1918. Nuestros conflictos se prolongarán quizás cuánto tiempo más. Paciencia, energía y constancia.

Gonzalo Rojas Sánchez