• Sobre Jaime Guzmán

    Columnas sobre Jaime Guzmán, pionero de verdad en la teoría y en la acción.

    “La política, entendida como el arte de gobernar, constituye una de las más nobles funciones a que puede dedicarse el esfuerzo humano. Implica superar el egoísmo de limitarse al propio interés personal, para volcarse al servicio de la comunidad”. (Jaime Guzmán)

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  • Bibliografía de Formación fundamental

    Bibliografía de Formación fundamental para universitarios y profesionales jóvenes

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Thursday, June 23, 2011

A buscarlo dentro

¿Porqué el malestar de tantos chilenos? Porque están mal.

Las personas, cuando están bien, sobrellevan diversos males, los integran a su buena condición básica e incluso los elevan a la calidad de bienes, porque al superarlos, acrecientan sus virtudes.

Lo sabe cualquier corredor: mientras se desplaza, los dolores y las fatigas van siendo asimilados y convertidos en endorfinas del alma y del cuerpo.

El que está bien lo pasa bien hasta con unas buenas dosis de mal.

Pero ¿y el que está mal? Ese, caramba que lo pasa cada vez peor. Se lo sufre todo, porque desviada la persona de sus fines naturales, convertida su vida diaria en sumatorias de egoísmo, sensualidad, violencia y soberbia, todo lo bueno que desde afuera se recibe, cae en un recipiente horadado. Se escapa, se pierde.

Se escapan los afectos familiares, cada vez más escasos ante una personalidad egoísta.

Se escapan los placeres honestos, cada vez más ajenos a la mentalidad hedonista.

Se escapa la paz generada por la alegría de los demás, porque tiende a alejarse de los odios y los rencores.

Se escapan la compañía y la comprensión, porque al soberbio hasta que lo compadezcan le resulta incómodo.

Y así, sin afectos ni agrados, sin paz ni comprensión, el que está mal se siente aún peor.

Para remediar sus males interiores, hay que buscar entonces justificaciones afuera. Para eso están Hidroaysén y Lavín, La Polar y Carabineros. Y lo que haga falta.

Gonzalo Rojas Sánchez

Thursday, June 9, 2011

Funa que funa

El ministro Lavín fue agredido; de palabra y de obra. Tropezó. Le pudo costar muy caro; pudo haber sido gravemente herido.
Escándalo en la comunidad de universitarios e intelectuales de izquierda, porque ellos afirman que siempre apelan a la razón y al diálogo para plantear sus demandas: tenemos ejemplos unánimes en los últimos cien años, nos dirían.
Pero desde uno de sus semanarios más influyentes, el historiador Gabriel Salazar explicaba, casi a la misma hora, lo que había que hacerŠ quizás (no, no lo piense usted injustamente así) incitando a lo que llaman funa, osea al ataque personal.
³Lo interesante es que estamos en los inicios de un estallido social de gran envergadura que hay que entender para dónde va, protegerlo y ayudarlo a que se desarrolle y autoeduque. Porque la tarea que les espera es muy grande y eso hará más interesante la política², explicaba Salazar, justo mientras los jóvenes de la UTEM desarrollaban de manera autoeducada su agresión.
En el mismo periódico se hablaba de otro profesor universitario, al que se calificaba de "completamente descontrolado", "ardiente en ira", "alterado y rojo de ira" y "furioso". Se le calificaba así porque había impedido decididamente que un grupo de manifestantes tocaran el bombo mientras intentaba hacer su clase. ¡Vaya descaro el de un profesor que pide silencio para poder enseñar! ¡Cómo es posible que impida el desarrollo de un estallido social de envergadura!
El gobierno dice que monitorea las próximas manifestaciones. La libertad de prensa ampara mientras tanto a quienes incitan a la agresión.
¿Sobre quién recaerá la próxima funa?

Gonzalo Rojas Sánchez

Thursday, April 2, 2009

Pablo, Pablos




Pablo Longueira es uno de los hombres públicos con más méritos en el Chile de hoy. Lleva décadas de servicio eficaz; ha trabajado en los ambientes más adversos conquistando adhesiones duraderas; ha ganado elecciones muy difíciles y otras casi imposibles; ha predecido efectos perversos en muchas acciones, y casi siempre, ha acertado; ha enfrentado discusiones peliagudas con la fortaleza facial y moral de la que otros carecen; ha defendido sin descanso a sus pares en las circunstancias más terribles que hayan enfrentado unos senadores en la vida pública chilena; incluso, ha prestado su colaboración al adversario, cuando pensaba que el bien de Chile lo exigía. Bueno; casi todo, buenísimo.

Casi todo, porque de un tiempo a esta parte -dos años, quizás tres- el senador Longueira ha comenzado a cultivar un personalismo ajeno a sus mejores méritos. Desde sus palabras, da a veces la impresión que si algo no cuenta con su apoyo, con su timing, con su aprobación final, no vale, aunque muchos otros que también exhiben méritos rotundos, puedan tener una opinión diferente.

Es lo que ha pasado con sus recientes declaraciones sobre la elección interna en la UDI. Es una pena, porque en términos simplistas y dramáticos, Pablo Longueira deslegitima una contienda tan necesaria como normal. Es simplista, porque, dice que un grupo de parlamentarios se enfrenta al tronco; y es dramático porque, profetiza, se podrían producir efectos lamentables. Todo esto, desde una premisa: él cree conocer a la UDI mejor que nadie.

Algo no cuadra esta vez en Longueira, porque los apoyos a José Antonio Kast vienen desde importantes fundadores del partido, pasan por todas las generaciones y se extienden hasta incluir a los más jóvenes de sus dirigentes. ¿Eso no es el tronco? Por otra parte, la opción de Kast es abierta, amistosa, servicial y llena de historia. ¿Qué tiene de lamentable su presencia y su competencia? Finalmente, suponer el máximo conocimiento de una realidad tan compleja como un partido grande, ¿no revela más voluntarismo que realismo? Quizás Longueira se ha quedado hace un tiempo con una imagen algo congelada del partido que él con tanta generosidad ayudó a construir y al que otros también sirven y conocen, algunos talvez mejor.

Lavín banalizó casi todo en la UDI y hoy no hay cómo meterlo en vereda; el riesgo ahora es que Pablo Longueira lo personalice y dramatice todo. Sin duda ésa no es su intención, pero la señal que ha dado a los electores del próximo 5 de julio ha sido tan personal como dramática: o votas por Coloma o te quedas fuera del proyecto. Mala, muy mala señal para un partido que necesita con urgencia a todos los mejoresŠ y al mejor Longueira.

Sí: Pablo Longuiera tiene muchos méritos, pero no es el único. Hay otros, no muchos pero sí suficientes, que lo equiparan en entrega y convicciones. Y que fueran muchos los dotados para conducir, era justamente una de las principales características del proyecto de Jaime Guzmán. ¿Habrá que lamentar, dentro un tiempo, que también eso se haya perdido en la UDI?