Con total sinceridad - Columna muy sincera

Posted by Blogger on 3:30 PM


        En esta oportunidad, se va a romper una norma de conducta editorial que siempre he procurado mantener, aunque quizás en alguna ocasión haya fallado: mi memoria es débil desde hace un  tiempo.
        Esa norma ha consistido, precisamente, en no hacer auto referencias, en no escribir en primera persona, en calidad de supuesto gurú sabelotodo. Esa impersonalidad  -es una convicción probada-  ayuda mucho al lector a entrar con mayor soltura en los textos.
        Pero hoy, en esta columna, será diferente.
        La motivación comenzó a formarse por los reiterados aciertos de Fernando Villegas en sus textos de La Tercera y en sus comentarios radiales y televisivos, y terminó concretándose a raíz de la notable intervención de Tomás Mosciatti en Comentarios Bío-Bío.
        ¿De qué se trata?
        De poder decir, con cruda sinceridad: otros también se están dando perfecta cuenta de lo que he venido afirmando por años secundando a Gonzalo Vial y a Hermógenes Pérez de Arce: el país está siendo destrozado por un gran proyecto deshumanizador.
        Gracias a Villegas y a Mosciatti, me he sentido mucho menos solo en las batallas que he procurado dar, aunque no tenga ni conocimiento, ni amistad -ni probablemente comunidad de ideales- con ninguno de los dos comunicadores mencionados.
        En los últimos años he recibido tres tipos de comentarios complementarios entre sí:
a.      Eres insoportable por tu unilateralidad, por tu tendencia a ver lo negro donde no existe, por tus críticas negativas especialmente a tu sector. Suelen venir de  mis amigos adultos de la UDI.
b.      Eres valiente pero irresponsable, porque es muy probable que alguien quiera hacerte daño físico, así como te lo hacen mediante la palabra en blogs y twitteos. Suelen venir de mis amigos de verdad.
c.      Eres sembrador del odio, eres fascista y cómplice de asesinos, eres un fundamentalista fanático. Suelen venir de personas tolerantes y abiertas al diálogo -eclesiástico alguno-  todos ellos del mundo auto denominado progresista.
        Esos tres tipos de comentarios quizás encuentren ahora una nueva perspectiva.
        Porque la tarea de perseverar en denunciar todo lo perverso, labor que he emprendido hace años   -complementaria de esa otra, la de formación de jóvenes, intensa desde 1998-   podrá ser mejor comprendida y asumida gracias a Villegas y a Mosciatti. Y los adultos de la UDI quizás entiendan de qué se trata todo y de lo perdidos que están; y mis amigos de verdad comprendan que hay que arriesgarse, que ellos también tienen que hacerlo; y los propagandistas auténticos del odio descubran que están siendo desenmascarados por gente de su propio mundo.
        Podría ser.

Gonzalo Rojas Sánchez