Aristocracia juvenil

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Entre esa juventud idealizada -simplemente porque martillea con frenesí mediaguas de emergencia- o aquella rechazada -porque poncea grotescamente en cada parque disponible- hay otras muchas, silenciosas y verdaderamente eficaces.
Jóvenes bomberos o scouts, deportistas o artistas, políticos o empresarios. Y por cierto, como caso especial, los ayudantes universitarios: qué gran especie, qué importante subconjunto, qué decisiva aristocracia.
A-ris-to-cra-cia. Sí, los mejores. Esos tipos que ya a los 21 o 22 añitos marcan presencia con una humanidad encandilante, aunque todavía sean casi pura potencia y uno que otro acto. Los aristos, los mejores.
Porque para elegir a los ayudantes en las Universidades -y estas corporaciones son la vanguardia de la formación de elites para el país- los profesores deben, debemos, hablar de aristocracia. No faltan los timoratos que prefieren llamarlas meritocracias, pero bien se sabe que es por complejo. Más vale la vieja terminología griega: los aristos, los mejores, y punto.
¿Un caso concreto? Seis ayudantes de una asignatura en la PUC.
Francisco, el más antiguo. Ya es periodista; viene de Puerto Montt; parece tímido, le gusta el rock, se fija, se fija, siempre dispuesto a las tareas menos gratas, exige con paciencia.
La Catalina sub uno, cuarto de Derecho, sutil, constante, escribe comentarios largos en cada ensayo corregido, atiende con afecto a cada alumno, es maternal.
La Catalina sub dos, casi bioquímica, la única exalumna de la asignatura que ha obtenido notas 8 (y varias veces, por lo que su promedio final fue 7.1), se niega a desarrollarse para llegar a ser Premio Nacional de Literatura: no importa, va a ser Premio Nacional de Ciencias.
Jorge Andrés, cuarto de Derecho también, metódico, cordial, a cada alumno (le corresponden unos 30) lo ha ido conociendo más y más; cuenta con satisfacción cómo algunos han mejorado.
Y la dupla deŠ ¡Medicina! Sí, dos ayudantes de Medicina en un ramo de Humanidades. Para ellos, dicen, el momento de gozo de la semana es trabajar en la asignatura. Alvaro, de cepa hispánica, alegre, entusiasta, anima y exige, abre la imaginación. Y la Carla, mezcla potenciada de sangre judía y alemana, especie poderosa de fémina tierna y mordaz a la vez, genera un ambiente de inteligencia creativa. Y, además, es azul-azul.
¿Y cómo fueron elegidos? Por cooptación: el profesor optó por ellos, en reñido concurso entre varios similares, o simplemente porque las vacantes coincidían con el número de postulantes. ¿Y quiénes pudieron presentarse? Sólo los excelentes: discriminación evidente y no arbitraria.
Aristocracia, la verdadera e imprescindible aristocracia.