A correr, a correr

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Cansados de tanta queja puramente verbal sobre el estado de la juventud, los que realmente quieren hacer cosas para sacarla adelante, se las rebuscan con imaginación o apelando a la tradición.
Con ese propósito, hay que aprovechar el empujón enorme de los juegos olímpicos, para recuperar en Chile el papel tradicional en la formación de la juventud que debe tener el deporte. Menos lamentos sobre el deplorable estado del CAR o sobre las sesgadas asignaciones a ésta o aquella otra disciplina, y mucho mayor dedicación a la competencia de base, ésa que debe llegar a decenas de miles de niños y jóvenes en todo el país.
Que el Estado llore solito su actual incompetencia en la promoción y gestión del deporte competitivo. Sí, es efectivo que muchos recursos se malgastan a partir de nuestros impuestos, pero la misma rabia que causa esa mala asignación debe conducir a tantos padres de familia, educadores de todos los niveles, empresarios y deportistas de elite, a dedicarse a la promoción directa del deporte competitivo, para los chilenos entre los 8 y los 30 años de edad. Eso es lo que manda la recta subsidiariedad: hacer primero los particulares lo que les corresponde a ellos (y si no se la practica, un día prosperará la idea de los díscolos hipersocialistas que quieren sacar aquel principio de la Constitución).
Se necesitan clubes y más clubes, en todos los niveles sociales y geográficos. Que la práctica deportiva sea promovida por los progenitores en el centro de padres, por los profesores de todas las asignaturas en recreos y fines de semana, por los deportistas de elite con sus visitas a los más variados ambientes para hacer clínicas y dar charlas; y también, con su dinero generoso, por los empresarios, que hoy invierten en procesos paralelos, como prevención de la droga y apoyo a las adolescentes embarazadas. Métale deporte recreativo y competitivo, que sacará salud, orden, disciplina, fortaleza, liderazgoŠ
Sí, deporte competitivo, y a todo nivel. Qué maravilla de colegio era ese Saint George´s College de los 50 y los 60, en el que desde la primera infancia el coordinado y el desparramado, el pura fibra y el gordinflón perezoso, todos, todos, éramos incentivados a tomarnos el deporte escolar como camino de nuestra propia formación: en el recreo, en la tarde de día normal, en los fines de semana, en vacacionesŠ Se entrenaba y se competía con lluvia o con calor insoportable, porque había que ganar, porque había que ganarle a la flojera, a la envidia, al truco, a la mediocridad, a ese conjunto de carencias y errores personales que cada ser humano despliega si lo dejan en estado silvestre y que hoy, desgraciadamente, se cosechan como frutos de una pedagogía del "no exigirás".
Beijing 2008; Chile, 2008 y siguientes.