Un tiempo, unas tareas

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Dentro de un par de días se dirá: bueno, ya pasó la Navidad y ahora hay que prepararse para el Año nuevo.

Efectivamente, la Navidad pasa y casi no deja huella, si apenas se la considera una nochecita del 24 prolongada en esas pocas horas del 25 que dan algún respiro, entre tanta visita a abuelos y tíos.

En realidad, para los cristianos, la Navidad debiera ser un tiempo que recién comienza hoy miércoles a las 12 de la noche y que se prolonga hasta el Bautismo de Cristo, a casi tres semanas de distancia, por allá por el 11 de enero.

Un tiempo, no un instante; una etapa que pide atención continua, no una paradita para estirar las piernas del espíritu y seguir después a toda máquina hacia las celebraciones del cuerpo. Darle pausa a estos casi 20 días es tarea difícil, pero resulta imprescindible si de recristianizar se trata, para que el don de Dios se asiente de verdad.

Todo tiempo tiene una preparación y, desde hace ya cuatro semanas, en eso debiéramos haber estado. ¿Cómo se la abrocha este miércoles 24? En concreto, para los católicos, con una buena confesión, de ésas que equivalen a la ducha imprescindible antes de partir al magno evento.

Después, a sumergirse en la Fiesta, con alma, corazón y vida: Misa del gallo, villancicos, regalos afectuosos y austeros, vida en familia, intensa vida en familia. Y no sólo para que lo pasen bien los niños, mira que los grandotes, con sus penas y trancas a cuestas, harto que necesitan del bálsamo de la fina caridad.

El viernes 26 -día de trabajo para algunos, sandwich para otros- pide una mirada reposada al Niño: esos pesebres que hay en algunos lugares públicos, en algunas iglesias, en la casa, sí, esos mismos, son los que pueden servir para un rato de seria meditación frente al Misterio. ¿O es que están ahí de puro adorno convencional?

Y el sábado, María se debe robar toda la atención. Ella, la clave del fortalecimiento de la mujer chilena, de esta Matria en alto riesgo, tiene muchas cosas que decir desde su humilde rincón en Belén.

El domingo, de vuelta en la Misa parroquial, la Iglesia universal reclamará atención prioritaria. Más de un millón de misas se estarán celebrando en el mundo ese día y, en comunión invisible, otros muchos millones de personas se nutrirán en ellas del propósito común de servir a la humanidad bajo la conducción de Benedicto.

Finalmente, al volver a la actividad más normal el lunes, a nuestro lado, habrá siempre alguien con un problema, con una pena, con un dolor. Será el momento de poner atención, de consolar, de comenzar a prestarle al Niño nuestros brazos y bocas para que pueda hacer el bien.

Y así, combinando unas cosas con otras, durante todo el tiempo de Navidad.