Cosecharán

Posted by Blogger on 11:45 AM
Para distinguirse de Bielsa, Borghi resumía su planteamiento sobre el trato con los jugadores en esta idea: "Necesitan asadito, no disciplina."

Pocos días antes de echar a medio equipo titular, había dado una charla en la que, en resumen, había dicho:

-Los jugadores son chilenos jóvenes con los mismos defectos de la sociedad nacional;
-En la sociedad chilena se toma y fuma mucho y los comportamientos sexuales están muy liberales;
-No se puede pedir, entonces, que los jóvenes jugadores vivan en un limbo.

No se puede pedir porque no son capaces de darlo: ese es el resumen de la mirada entreguista y desalentadora que Borghi trasmitió y que fue perfectamente llevada a la práctica por Valdivia -una vez más- y sus compañeros de aventuras.

Borghi cosechó rápido lo que sembró y tuvo que cortar -por fin- la misma cizaña que hasta ahora sólo veía fuera de su equipo.

La idea no es nueva en nuestra vida pública. Un conocido líder social la defendió con entusiasmo por años en sus columnas y charlas. "Los jóvenes", venía a decir más o menos, "no son capaces de contenerse, por lo que debe autorizarse el condón."

Quizás también le tocó tener que sacar a algunos de su organización por comportamientos descontrolados, pero no se supo que nunca reconociera esa falta en público antes de marcharse a trabajar fuera del país. La idea era la misma: No se puede pedir porque no son capaces de darlo.

En una tercera dimensión podría operar también la misma falsa percepción.

Media docena de rectores universitarios han comprobado daños millonarios en sus campus a raíz de las tomas. Saben perfectamente quiénes son los líderes de esas acciones delictuales, pero varios se niegan a iniciar sumarios, a determinar responsabilidades, a sancionar.

En el pasado, ante acontecimientos menores, ya procedieron así: vista gorda. O vista tuerta más bien, porque también ellos piensan que no se le puede pedir disciplina y honradez a sus estudiantes, porque no son capaces de darlas.

Cosecharán más de lo mismo. Y peor. Pregúntenle a Borghi.

Gonzalo Rojas Sánchez