Esos puentes cortados

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No, no podía ser cierto. Ante Ecuador, el loco Bielsa incurría en un pecado nunca antes visto: cortar voluntariamente al propio equipo, trozarlo sin necesidad, partirlo en dos mitades tan lejanas como diferentes.
Loco, ¿porqué? Tus admiradores, yo en un lugar de privilegio, vimos con espanto que se reproducía en una cancha de fútbol, en una organización siempre necesitada de vínculos estrechos, lo que pasa en casi todas las realidades del país.
Porque si Bielsa daba señales de haber logrado muchas cosas con nuestros jugadores en apenas un año, ahora parece haber sido capturado por uno de los defectos más típicamente chilenos: romper la unidad, desvincular las partes, cortar los puentes entre las instituciones, desarticular lo que requiere de contactos fluidos.
Pasa entre el Parlamento y las Universidades. Integradas ambas instituciones por personas que hacen de la inteligencia su instrumento, recelan mutuamente la una de la otra, se aburren a lado y lado con los estilos de la contraparte, evitan todo lo posible tener que oírse. Lateros, piensan en Valparaíso; frívolos, se oye en los claustros.
Sucede entre los medios de comunicación y las autoridades de Gobierno. Dispuestos los primeros a mostrar todo lo que pasa, olvidan legítimas consideraciones de bien común y reniegan de toda posibilidad de contactarse con los garantes del orden público. Hay que informar, cueste lo que cueste, es la consigna. E inclinados los segundos a proteger su imagen, perjudican la autonomía de los medios de comunicación, descalificando el enfoque sobre tales o cuales hechos que parecen perjudicar el prestigio gubernamental.
Es frecuente entre la familia y los pastores. Justificándose en su modo de vida, a veces inhumano por desnaturalizado, muchos grupos de chilenos que viven bajo un mismo techo sin ser estrictamente familia, descalifican todo criterio moral y pastoral, sólo porque proviene de quienes -dicen- no han formado una familia o son seres muy especiales y puros como para entender la dura realidad. Y, por su parte, desde ciertas instancias religiosas la doctrina suple a la comprensión, el criterio rígido suplanta a la atención caso a caso y, en vez de ir a buscar a la oveja perdida, (sí, efectivamente perdida y con las patas rotas) se ofrece por anticipado sus restos al matadero.
Una pena lo de Bielsa, pero también, una posibilidad. ¿No habrá por ahí un puente u otro que uno haya voluntariamente cortado, supuestamente para simplificarse la vida, pero que termina por complicársela absolutamente y derrotarlo?