Simplemente, Saint George's College

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Justo hace 50 años, el 11 de marzo de 1959, algo más de 130 niños ingresaban a la primera preparatoria del Saint George's College. Para muchos de ellos, quizás para todos, el-mejor-colegio-que-ha-ha
bido-nunca-jamás, sí dicho así, a todo ritmo, con energía bien marcada.
En Pedro de Valdivia con Pocuro, un edificio majestuoso para la época albergaba a los grandes, mientras que para los enanos bastaba una casita inglesa, contigua a la calle Los Estanques. Un generoso patio permitía que el pantalón cortito del impecable uniforme gris con azul se destacara en las primeras correrías futbolísticas.
Iniciaba su andadura escolar un curso único: el que aprendería sus primeras letras durante los meses iniciales de la presidencia de Jorge Alessandri, el que cursaría la enseñanza media durante la presidencia de Eduardo Frei M., el que asistiría a la ceremonia de graduación con Salvador Allende en sus primeros días.
Pero sólo secundariamente iba a ser la Historia de Chile la que marcaría sus vidas. En primer lugar, lo decisivo para los Rafael Guilisasti y los Manuel Pellegrini, para los Máximo Pacheco y los Nicolás Cruz, para los Jorge Bande y los Felipe Montt, para los Aníbal Vial y los Francisco Sabatini, para todos los demás, iba a ser la decisión familiar de hacer un enorme esfuerzo por darles la mejor educación posible. Sí la mejor, la mejor.
Inglés perfectamente aprendido (american, to be precise), deporte sistemáticamente practicado (por matado que fueras), amistad constantemente cultivada (hasta hoy, hasta hoy), vida de fe siempre animante (esos primeros viernes, esas bendiciones), pertenencia siempre incentivada (cheer for Saint George'sŠ), compromiso una y otra vez reformulado (antes de la crisis, durante y después).
¡Qué colegio, qué curas, qué profesores, qué ambiente, qué formación, qué biblioteca, qué victorias, qué tipazos los que circulan hoy por ahí con 55 ó 56 a cuestas!
Es posible, sí es posible hacer un gran colegio, incluso en medio de sus dudas y de sus desviaciones, navegando a través de una historia nacional conflictiva al máximo, permitiendo y fomentando el enfrentamiento cordial desde las convicciones más personales de cada uno de sus miembros. Es posible, es necesario.
Basta con decidirse a entregar la vida a una misión educativa trascendente, buscar a las personas para concretarlo y perseverar. Casi nada. Todo. Con nosotros lo hicieron.