El último 1º de mayo - Columna sobre la UP-9

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        En los meses finales de la UP, la ficción política    -ese deseo de que las cosas sean como la ideología las postula-  se expresaba en las afirmaciones de algunos dirigentes gobiernistas, contradiciendo a la realidad terrible que experimentaban los chilenos en el día a día.
        En ese marco mental el presidente de la CUT, Jorge Godoy afirmó en el acto de la plaza de la Constitución que "en los países socialistas esta fecha constituye una verdadera fiesta de los trabajadores por los éxitos logrados en la constitución de una sociedad nueva."
        Por cierto a esas alturas, 1º de mayo de 1973, cualquier trabajador berlinés oriental, cualquiera trabajador húngaro, cualquier trabajador checo, cualquier trabajador de la URSS, todos y cada uno, le habrían podido explicar a Godoy cuáles eran las condiciones festivas en sus países después de las sublevaciones de 1953, 1956 y 1968 respectivamente, así como la dicha de ser condenado a 5 años mínimos en el Gulag, desde 1937 en adelante.
        En Chile, Godoy creía que los trabajadores debían seguir luchando contra la oligarquía    -combatir, siempre combatir, es la consigna del marxismo- que, afirmaba, "ha organizado un plan siniestro para recuperar sus privilegios y destruir las conquistas de Chile y sus trabajadores", habiendo recurrido "al incendio, al asalto, al baleo, al crimen, para llevar a los chilenos a una guerra fratricida." En ese contexto, Godoy  formulaba un mensaje desde y para los adherentes de la UP en términos muy claros: "Les advertimos al fascismo y a la reacción que tengan cuidado porque la clase obrera dará una respuesta contundente y definitiva a los que quieren llevar a Chile a una guerra fratricida."
        El gobierno por su parte, intentaba llevar a la práctica su propia respuesta en la materia: incorporar más y más industrias al área social, para concentrar en manos del Estado (de los partidos de la izquierda) todo el poder económico posible. Fue lo que anunció el ministro de Hacienda, Orlando Millas, al día siguiente, aumentando a 93 las firmas contempladas para procedimientos de expropiación. Entre ellas figuraban la Papelera, Crav, Copec, Indus Lever, Embotelladora Andina, etc.
        En ese doble eje, trabajadores gobiernistas empujados al combate y un gobierno cada vez más decidido a expropiarlo todo, pocas semanas después se anunciaba que la inflación acumulada a esas alturas ya alcanzaba al 238% en doce meses y que la producción industrial había caído 5.6% en el trimestre enero-marzo comparada con 1972.
        Todo un éxito de política económica.

Gonzalo Rojas Sánchez
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