Entre el Estado de emergencia y la triquiñuela constitucional

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        Para contrarrestar los efectos de la sublevación de un pequeño grupo de militares acaecida el 29 de junio, Allende había declarado el Estado de Emergencia, mecanismo perfectamente consonante con la gravedad de la situación.
        Incluso, en la manifestación convocada por la Unidad Popular en la plaza de la Constitución para repudiar esa intentona, el Presidente hizo aparecer ante los ojos de todos los presentes    -yo mismo me encontraba ahí, para tener una mirada de primera mano de los acontecimientos-   a los tres Comandantes en Jefe, al Director subrogante de Carabineros y al Director de Investigaciones. Con su presencia, se buscaba dar la imagen de un respaldo completo de los uniformados al camino emprendido por Allende y los partidos marxistas.
        Pero en ese clima, que parecía favorecerlo, el gobierno sufrió un duro revés, proveniente de la Contraloría.
        Fue el 3 de julio cuando se comunicó oficialmente que el órgano contralor rechazaba una más de las tantas triquiñuelas que intentaba Allende, en la que sería la etapa final de su mandato. ¿De qué se trataba? El Presidente había inventado la insólita fórmula de promulgar sólo parte de la reforma constitucional sobre las tres áreas de la economía, ya íntegramente tramitada -aquella parte funcional a sus objetivos- dejando el resto en suspenso.
        Por eso, en su resolución, el contralor Héctor Humeres afirmaba que "el texto que se promulga no coincide" con el oficio final del Senado, por el cual se comunicaba el rechazo del Congreso Nacional a las  observaciones formuladas por el Presidente, por lo que debía haberse promulgado el texto íntegro de la reforma constitucional. La opción de convocar a un plebiscito, salida constitucionalmente factible, tampoco había sido utilizada por el Presidente, quien había preferido, una vez más, intentar un resquicio legal. Concluía el contralor que se veía en la "necesidad de representar la ilegitimidad de que adoleceŠ el decreto promulgatorio de la presente reforma constitucional."
        Pocos días antes, el mismo 29 de junio, Allende había manifestado a las turbas enfervorizadas que no cerraría el Congreso Nacional, como si estuviese renunciando a una posibilidad existente dentro de los márgenes del sistema democrático. Ahora, con su intento de promulgación parcial de una reforma constitucional, desmentía esa afirmación: intentar torcerle la mano mediante esa triquiñuela a un proyecto íntegramente tramitado, era ciertamente, anular las facultades del Parlamento.
        Pero, una vez más, la resistencia institucional fue suficientemente fuerte y decidida.

Gonzalo Rojas Sánchez
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