Los camioneros paran el carro

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      ¿Porqué los camioneros iniciaron una huelga nacional el 26 de julio de 1973?

        La Confederación Nacional de dueños de camiones, uno de los gremios más importantes del país, reeditaba así la protesta ante el Gobierno de Allende que ya había realizado a fines del año anterior y que, sumada a la movilización de decenas de gremios, había sido conocida como el Paro de Octubre de 1972.

        Ahora, apenas diez meses después, los dirigentes de la principal organización del transporte chileno acusaban al gobierno de no haber respetado los acuerdos de aquella época: facilitar a los propietarios el acceso a nuevos camiones y a repuestos para sus máquinas en rodaje. A esa promesa gubernamental incumplida, sumaban los dirigentes su malestar por el intento gobiernista de promover una organización paralela.

        La Confederación era clara: afirmaba estar preparada para un paro de carácter indefinido.

        Los efectos de la huelga se hicieron sentir de inmediato: al ya deteriorado sistema de abastecimiento de productos básicos lo afectó ciertamente aún más la paralización de los camioneros. Los alimentos, la bencina, la parafina  -en pleno invierno-    llegaron a bajar en un 70% su presencia efectiva en Santiago.

        Cuando el Gobierno requisó casi mil camiones para ponerlos en servicio, muchos de ellos fueron obstaculizados y no pudieron circular.

        En una situación así, podría pensarse que otros gremios, directa o indirectamente afectados por la falta de abastecimiento elemental, debieran haber presionado sobre los camioneros.

        Pero fue justamente al contrario.

        Era tan generalizado y profundo el descontento con el gobierno de Allende, que la Confederación nacional del Transporte terrestre, que agrupaba a unos 86 mil buses, micros, y taxis, advirtió que se sumaría a la huelga si no había una pronta respuesta satisfactoria a los camioneros.

        Como no se llegó a un acuerdo y Allende se negó  a pedirle la renuncia a  Jaime Faivovich, subsecretario de Transporte, el 3 de agosto comenzó la huelga general, en un clima que ya había visto enfrentamientos entre camioneros y el gobierno con el saldo de varios heridos, cuando los transportistas se habían negado a nuevas requisiciones.

        Allende, con una retórica ya totalmente gastada e ineficiente, calificó la huelga como sediciosa y afirmó que sería derrotada con la cooperación  voluntaria de los trabajadores y de la juventud. Pero, casi al mismo tiempo, nombraba al general Brady para que lograra normalizar la situación.

        Desde octubre, en los casos más difíciles, sólo pensaba en apoyarse en los militares.

Gonzalo Rojas Sánchez