Lo sagrado, he ahí el enemigo.

Posted by Blogger on 12:16 PM
Con esa expresión los jóvenes de mayo del 68 marcaban el rumbo a toda una generación, a muchas generaciones por venir.

El asalto y profanación de la catedral de Punta Arenas se inserta en esa misma consigna. Los perros son ahora lo sagrado y, por eso, si alguien se atreve a minimizar su excelsa dignidad, será brutalmente agredido (meses atrás, otro grupo de animalistas había destrozado un hall en Medicina de la PUC, por cierto, derribando una estatua de la Virgen).

Una imagen suya, dulce pero con una aparente granada explosiva entre sus manos, está expuesta en el parque forestal hace ya meses. Para su autores, lo sagrado es la violencia que -ya lo dijeron los teóricos como Sartre y Fanon- es purificadora, es causa de sanación.

Por eso los santos también deben ser aniquilados. Es el caso del beato Fariña, cuyo martirio compite con las sagradas ideologías de la guerra civil española. Su imagen fue quemada en la santiaguina iglesia de San Agustín, porque repugnó quizás a qué partidarios de la CNT-FAI, el anarquismo español de la época.

Y en Los Andes, las imágenes de Santa Teresa también quemadas. Y en varias ciudades, la leyenda "la única iglesia que ilumina es la que arde."

Lo sagrado, dijo Pieper, es "un espacio delimitado expresamente respecto de lo trivial y lo cotidiano". Un espacio, un tiempo, unas palabras, unas personas. Separadas, segregadas, para que se entienda el respeto, la veneración, el sentido del misterio, de lo alto.

Por eso, en la lógica de la enemistad radical con Dios, esos lugares, personas, espacios y palabras deben ser arrasados.

Pero, algo de autocrítica también. ¿No hemos sido los mismos cristianos los que hemos facilitado la mentalidad aniquiladora de lo sagrado con nuestra frivolidad? ¿No han sido nuestro aspecto exterior al asistir a los actos de culto, nuestros gestos rituales, algunas palabras ofensivas a los pastores, la pobreza de la arquitectura, música e imaginería religiosa contemporáneas, justamente las puertas de entrada para que se borren los límites entre lo sagrado y lo banal?

Gonzalo Rojas Sánchez
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